Cómo Cocinar Pasta Siempre Bien
La pasta tiene fama de ser una comida rápida y sencilla. Y lo es. Sin embargo, también es uno de los ingredientes que más frecuentemente se cocina de más o se sirve sin mucho sabor. Hacer una buena pasta no requiere técnicas complicadas; el chiste es respetar algunos principios básicos.
Todo empieza por elegir una buena pasta. Puede ser fresca o seca. Si compras pasta seca, busca que esté hecha de sémola o trigo duro y observa la propia pasta más que la marca. Las mejores suelen tener una textura ligeramente rugosa que ayuda a que la salsa se adhiera mejor.
La cocción es sencilla: abundante agua hirviendo y suficiente sal. El agua debe saber a mar. No es una exageración. La pasta absorbe parte de esa agua y, si el agua no tiene sabor, la pasta tampoco lo tendrá. A veces agrego cebolla, ajo y una hoja de laurel al agua. No es obligatorio, pero aporta buen aroma y es una buena costumbre cuando se prepara pasta para acompañar una comida especial.
El siguiente secreto es no cocinarla completamente dentro de la olla. La pasta debe retirarse un poco antes de estar lista, cuando todavía conserva algo de firmeza en el centro. A esto se le conoce como cocinarla al dente. Después terminará de cocerse dentro de la salsa, absorberá mejor sus sabores y tendrá una textura mucho más agradable. Por la misma razón, no conviene agregar aceite al agua ni enjuagar la pasta después de cocerla. Lo que buscamos es precisamente que conserve parte de su almidón para que la salsa pueda adherirse mejor. (De hecho, no tires el agua en la que se coció la pasta, a veces una cucharada de esta agua con almidón te ayuda a espesar la salsa).
Y hablando de salsa, no hace falta dominar decenas de recetas. Con unas cuantas bases bien hechas puedes preparar excelentes platos de pasta. Una marinara preparada con tomate, cebolla, ajo y albahaca fresca; un ragú con carne molida o tocino dorado; un pesto de albahaca, nuez, queso parmesano y aceite de oliva; una mantequilla dorada con parmesano; o una Alfredo con crema, mantequilla y queso son más que suficientes para empezar.
Al final, la pasta y la salsa no son dos preparaciones distintas. Son un mismo plato. Por eso los mejores resultados no suelen depender de ingredientes extravagantes, sino de pequeños detalles: elegir una buena pasta, salar correctamente el agua, respetar el punto de cocción y terminarla siempre en la salsa.
Como ocurre con muchas cosas en la cocina, la diferencia está en los detalles.